La pistola del odio

“Recién salí a buscar un tema (Sic) al auto mío y viene uno corriendo y me dice: Baby, no le creo nada. Le digo no es lo que creas vos. Es lo que yo veo y lo que vi, fue un atentado a la vicepresidenta “Esto dijo, bajo el más absoluto silencio del estudio, el mismísimo Baby Echecopar. En uno de los sets que es trinchera cotidiana desde hace años de esa cosa curiosa y patética, denominada periodismo de guerra; uno de los generales de la cruzada, tomó nota de la gravedad de lo sucedido.

Política 07/09/2022 Carlos Torino*
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Ilustración Fechu. Guion Tri Heredia

Esa forma de comunicar y manosear la veracidad, la materia prima de la información debe ser extirpada de las relaciones políticas y del discurso político. Ya no alcanzan las palomas y los halcones para distinguir duros y blandos. El contrato político debe responder a preceptos de convivencia política y social, con todo el halo de la paz. Sin este esfuerzo, el después del revolver apuntando en la cara misma de Cristina Fernández de Kirchner, apuntará a otros actores. La pólvora dejará de mojarse para finalmente lograr su cometido sobre el adversario. Acaso político, al principio, pero luego, lo asegura la propia violencia, la bala se convertirá en plural y surcará el aire para llegar a cuerpos diversos. 

La política se mueve con lógicas binarias que va socavando su propia naturaleza.

En política, generalmente, se confronta primero y después se dialoga, prima la fricción, pero el sistema debe tender al diálogo; toda esa puesta de intransigencia en nombre de la república es para la tribuna, además es relatado en estudios audiovisuales y los titulares, leídos en esos estudios, amplifican las noticias sobre la grieta, llegan los memes y la trituradora de las redes sociales hace el resto. 

La orden, sin autores; no es tan difícil descifrarla:  Es la aniquilación del enemigo, pero con un pequeño gran detalle: la potencia de ese discurso es unidireccional. Hacia una sola fuerza política. Ayer opositora, hoy oficialista. Ese esquema se fue naturalizando desde aquel 2008, cuando la gauchocracia ganó la batalla simbólica del sentido común. 

El relato, banalizado, se edificó sobre el presupuesto del denominado sentido común, esto es mantener en el ágora mediático por años, denuncias penales hacia la vicepresidenta. Mantener en los tribunales como juzgadores a jueces subrogantes, por ejemplo, y hablar de independencia de poderes. Durante años, la maquinaria mediática al servicio de un discurso para construir una mala imagen de una adversaria, que ya ni siquiera es eso. Ella es una enemiga para muchos y muchas. Así está hecha su imagen. 

Las y los seguidores de esta lideresa, lo es, aunque les duela a esos y esas muchas, son llamados despectivamente fanáticos o militantes despectivamente. Estos términos y preconceptos se pueden escuchar hasta en la parada del micro. Ni hablar de los taxistas. Esas raras avis que tienen el mito de medir la temperatura social. Esto implica un triunfo cultural de la derecha. Pero todo se mueve. Ese triunfo cultural empezó a trastabillar en la propia Recoleta. Las vallas de Rodríguez Larreta se transformaron en más convocatoria y esa derecha, que no se percibe como tal, no la vio venir. A ese nuevo aluvión que solo cantaba y quería un saludo de su lideresa. Ante ese escenario, repleto de la “famosa clase media” sin aparato y que solo cantaba consignas, el dispositivo PRO, que se sustenta en el Twitter de su dirigencia y los paneles televisivos del periodismo de guerra, no le encontró la vuelta. En Juncal y Uruguay, el Kirchnerismo volvió a engrosar su musculatura, lo nacional y popular empezó a quebrar esa victoria simbólica y cultural, que data de 2008, cuando la 125 aglutino la identificación antiperonista, el verdadero clivaje de la política argentina. Todo esto ocurrió antes del intento de magnicidio. 

Hace una semana, el gerente de esa empresa, en que se convirtió la Capital Federal, llamado jefe de Gobierno, se le ocurrió poner vallas al frente del edificio de la ex presidenta. Lo hizo, dijo, para proteger a sus votantes que, exaltados y poderoso, le susurraban a medio Juntos por el Cambio, que Horacio Rodríguez Larreta haga algo con todo lo que odian en la vida social: el peronismo. El mensaje lo tomó al pie de la letra el aspirante a presidente mandó a su policía a poner vallas y vestirse pertrechados como para una batalla que no ocurrió, el que ese mismo periodismo, mendigo de sangre y fuego, lo bautizó la batalla de Recoleta. Cabe aclarar para quien escribe, que fue una feroz represión sin causa alguna. La policía recibe orden de la política. No es un General del partido militar que le dice que use palos y gases, en una callecita de un barrio coqueto. Tan desacertada fue la decisión que, a la nochecita, con la cabeza y sus cascos silbando y en voz baja, se retiraron y ahí sí el aluvión fue imparable. 

Aparecieron el guiso y los choripanes. Nada más molesto para el suspiro recoleto. Encima, en las puertas mismas del lugar sagrado de la aristocracia. Gente y más gente. Hasta la maquinaria mediática supo dosificar sus prejuicios. Se estaba ¿se está? gestando un movimiento de tal envergadura, que por vez primera se ve y se escucha balbucear y contradecir con una fuerza inusitada a ese criterio de verdad que asfaltaría el camino a una condena para la líder. Pero algo se rompió con las vallas. Hay gente de todo porte. Jóvenes, viejos, de los barrios y el centro, todos se mezclaron. ¿Una presunta culpable del delito de robar tiene tanto apoyo e “impunidad” ante millones de seguidores?

Ese algo quebró el relato estigmatizante; no le quedó otra cosa que la muerte. Esta vez la física quiso que hoy aparezca reviva. En las calles del país los cuerpos sufrientes de tantas crisis no dan respiro de agitado y empoderados. La historia enseñó que el reguero de pólvora es un viaje de ida. Millones de compatriotas se dieron cuenta que esa bala cayó en el límite, en la frontera de la violencia política y social.

Nunca más una pistola frente a una vicepresidenta. Para ello, hoy debe ser un entretiempo en el partido de la Grieta.

*Lic. en Comunicación Social. Integrante del Colectivo Más Democracia.

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