Un sábado en CristinaPalloza

En la noche del domingo, la policía metropolitana seguía estacionando carros y sus correspondientes uniformados en la calle del domicilio de la Vicepresidenta. Aún asustan los manifestantes. Durante la jornada del día después de la gran convocatoria (el tiempo dirá cuál fue su valor histórico) siguieron peregrinando muchas personas por la hoy archiconocida Juncal y Uruguay. Un hito solo comparable a Segurola y Habana en Villa Devoto y difundida por un tal Diego Maradona, cuando invitó a un par suyo a buscar pleitos. En este caso, la gente llega por su sentimiento y convicción ideológica por una lideresa política y social. ¿Se puede dudar a esta altura que Cristina Fernández de Kirchner trasciende al microclima político institucional?

Política 29/08/2022 Carlos Torino*
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Fotos Press

“Terminaron por donde tuvieron que haber empezado” dijo el analista político de La Nación, Carlos Pagni, cuando respondió a un colega opinador del periodismo de guerra sobre la gran manifestación que sorprendió al coqueto barrio porteño de la Recoleta. Es que el establishment de todo tipo está impactado por el masivo apoyo de la expresidenta. Tampoco puede digerir que, aún procesada con un pedido de condena y proscripción por un fiscal del lawfare, logre un sostén popular que pone patas para arriba al panorama político. Cabe señalarlo: ¿la movida hasta se llevó puesto a un presidenciable opositor? Porque Horacio Rodríguez Larreta dinamitó su capital político de componedor, gestor e impoluto. Claro está, todo hecho en base a un blindaje mediático que intentó salvarlo hasta que las vallas - lejos de separar, ahuyentar y cuidar- fueron desbordadas por miles de kirchneristas que solo se convocaron para apoyar a su líder. 

Rodríguez Larreta es un clásico PRO. Se ampara en el aura republicana y en la libertad de expresión, pero en una conferencia de prensa ni siquiera le preguntan. Menos se aceptan repreguntas. Doble vara. Por eso, todavía no pueden interpretar este round que les ganó Cristina. El dispositivo comunicacional alrededor del alcalde porteño mostró sus grietas en este y fue Cristina quien los puso en evidencia. Ese standard discriminador saltó a la vista de todos y todas. La presidenta provisional del senado pegó en la línea de flotación de la protección macrista, de la que Rodríguez Larreta es su máximo beneficiado.

Ya enfrentando a las cámaras que esperaban que apareciese el jefe capitalino, para anunciar lo que fue claudicación para los halcones PRO, la cara de María Eugenia Vidal delataba enojo y una furia que la ponía colorada sin su eterna sonrisa. El primo Macri lucía serio al lado del jefe de Gobierno, su patrón. Todo el gabinete lo esperó con las manos en el bolsillo y sin caritas felices. Estaba como perdido Martín Losteau y como triste Diego Santilli. Están acostumbrados a bailar con globitos amarillos en puestas de escenas festivas. No están preparados para lo inesperado. Menos que menos, pueden diferenciar el cuadro de un festejo en un día de elecciones, del que surge una crisis en el llano de la gobernabilidad. Sin focus group ni previsibilidad en la agenda, las naves se queman en sus propios despachos. Se desorientan sin el ayudin de la caterva de periodistas para el relato M.

Este grupo gobernante (PRO) pertenecen a una fuerza política que se hizo fuerte electoral y políticamente en las denuncias penales y en la estigmatización del adversario, con la construcción del sentido común del odio que todos los días, desde hace doce años se encarga de difundir el mapa de medios, que alguna vez mostró Jorge Lanata cuando oficiaba de periodista. Por ello, no pueden – ni podrán – descifrar la práctica que les propone, no tan sólo sus rivales, sino el sistema mismo. La tensión llega hasta un límite donde todo se debe dialogarse, se supone y se sabe en la práctica democrática. Pero está lógica la puede entender el aspirante a paloma en que quiere convertirse el gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, pero le resulta incomprensible al modo halcón en el que quiso investirse.

Luis Juez esperó en vivo en una de sus casas capitalinas: TN.  Tenía que seguir el guion para que un Nelson Castro se quejara de la basura en la vereda aristocrática, donde peronistas gritaron gorilas. El hermano menor de Piñon Fijo tuvo aire para actuar como mensajero. Fue el dirigente opositor que dijo que Cristina debía enviar a casa a sus militantes. A esa altura de la “larga jornada “ya el Grupo Clarín no aguantaba la situación y  evitaba titular con el nombre de la mandataria. CFK imprimía en el zócalo. Los otros canales encabezaban con un decidido Cristina y Crónica cómo siempre interpretó el sentido del día: El peronismo copó la Recoleta, tituló sobre el clásico fondo rojo.

Algo pasó en esa calle, la de uno de los cien barrios porteños. para que un camión con dos contenedores llenos de piedras no haya cumplido su objetivo. Algo pasó para que las vallas hayan sido levantadas. Hubo política y una manifestación popular. Una movilización que tampoco dejará que la daga del ajuste se lleve puesta las esperanzas de un pueblo que no quiere injusticias. Un sábado a toda política.

*Lic. en Comunicación Social. Integrante del Colectivo Más Democracia.

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