Néstor y yo... Silenia

Diálogos 22 de noviembre de 2020 Por Silenia Castellanos.
5to texto de la sección dedicada a la memoria viva de Nestor Kirchner; a 10 años del paso a la inmortalidad de Néstor Kirchner 2O10 -27 de octubre- 2020. Los textos seleccionados pertenecen a la campaña #NéstorYyo que impulsó el Colectivo Más Democracia de Córdoba
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Foto Press

Una mañana de Septiembre del 2004 en Madrid, me entero que el presidente de Argentina, cuyo apellido no sabía pronunciar bien, estaba visitando aquella capital con motivo de la presentación de un libro relativo a la reciente inmigración de argentinos en España, esto sería en un auditorio muy céntrico que ya no recuerdo el nombre. Le comento a una amiga, argentina también y nos encontramos para ir allí y luego a disfrutar de una cañas y tapas.


Llegamos un poco tarde. Era una sala con varias filas de sillas y también gente de pie. En la escena había una mesa larga con nueve personas, en el centro estaba el presidente que era el único que hablaba en ese momento, lugar de por medio estaba la Senadora Cristina, su esposa ( a eso ya me lo habían contado por e-mail). Justo cuando entramos hubo una pequeña pausa y nos acomodamos detrás de las sillas junto a otra gente que escuchaba de pie.

En ese momento retoma el hilo del discurso en tono y modo charla amena y nos pide que volvamos a nuestro país.... que vayamos a Argentina, que al país lo estaban reconstruyendo y que necesitaba de nosotros los científicos para esa reconstrucción, que se estaba invirtiendo en ciencia y tecnología y bueno un montón de cosas muy interesantes que como yo no soy científica, ni cerca estoy de serla aunque me parece primordial la ciencia, no me quedaron tanto....pero, ya metida entre la comunidad de científicos argentinos en Madrid y con semejante orador de esperanzas y palabras alentadoras con tono de padre protector, empezaron a brotar de mis ojos lágrimas y lágrimas. Lloraba a mares y mientras trataba de controlar un poco esa situación vi que gente que estaba delante de nosotras, parados y sentados y a nuestro alrededor todos y todas lloraban, o casi todos.

Él, cómo le dice ella, era muy insistente en la necesidad de recuperarnos y por más que yo no sea científica, por más que yo fuera una artista que se ganaba la vida trabajando a veces con mi arte y otras trabajando de camarera, sentí que me hablaba a mí. Quizás a eso lo sentimos todos o casi todos. Mi amiga escuchaba con atención pero no se dejó afectar demasiado. El punto es que finalizó el evento, así que salimos a la vereda, y nos quedamos ahí. Un poco charlando un poco calladas mientras yo secaba mis lágrimas, un instante después veo que sale a la vereda él, sí Néstor Kirchner!!…lo miro, me ve y se acerca, se para entre nosotras, lo vuelvo a mirar y se creó un clima de conversación, era tanta mi emoción que sólo me salió decirle "Gracias Presidente", en ese momento me abraza con un abrazo de oso, un abrazo de protección y mucho cariño, esos abrazos que se dan cuando se quiere mucho a alguien....se me aflojaron las piernas y lo abracé también.

Sentí que era chiquita en su abrazo de hombre alto, dé gran espalda y porte. Un gigante que con un ojo me miraba y con el otro estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Eso fue todo lo suficiente para soltarnos y que yo entendiera todo. Lo suficiente para que se me disiparan las dudas, lo necesario para entender que más allá de que si yo sería tan necesaria en mi país para mí volver a Argentina si era necesario. Me pregunté si salió de ese auditorio para abrazarme.


Un mes después ya tenía el pasaje de vuelta, pero esta más que una vuelta fue una ida llena de energía, esperanza y  ansiedad a una Argentina que se estaba reconstruyendo, por que este gran compañero tenía en perfecta concordancia sus convicciones con su corazón. Néstor Kirchner, el presidente amado y amador!, inteligente, sensible, impulsivo y muy buen mozo.

En otras palabras, estaba más bueno que comer dulce de leche con los dedos. ¿O cómo piensan que enamoró a la tremenda yegua hermosa de Cristina? Esta historia tiene una sola testigo: mi amiga Estela.


Con sinceridad y cariño.

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