De aquellas desconfianzas a ese amor

Diálogos 09 de noviembre de 2020 Por Alberto Hernandez
inauguramos esta sección dedicada a la memoria viva de Nestor Kirchner; a 10 años del paso a la inmortalidad de Néstor Kirchner 2O10 -27 de octubre- 2020. Los textos seleccionados pertenecen a la campaña #NéstorYyo que impulsó el Colectivo Más Democracia de Córdoba
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El joven Néstor Kirchner - Foto Archivo Press

De aquellas desconfianzas a ese amor

El domingo  27 de abril de 2003, compartía un asado con unos amigos con los que matices más, matices menos coincidimos en nuestras visiones políticas. Ese día había elecciones y todos habían ido a votar en contra de Menem, menos yo que me había sumado al planteo de la CTA y otros, de que eran una trampa. No tenía que ganar Menem, pero todas las demás opciones eran o marginales o de terror. La única incógnita era la de un flaco del sur que no conocíamos y que venía a ser el Chirolita de Duhalde. Mis amigos desconfiaban pero me querían convencer de que era la única opción para que no siguiera el menemato. Te llevamos a tu escuela - me decían. Pero no hubo argumento que me convenciera. Era la única vez que no votaba en una elección.
Por esos tiempos y como consecuencias de la crisis de los partidos políticos después de la caída de De la Rua y las serie de presidentes que lo sucedieron en quince días, le habíamos dado forma al Movimiento Político y Social de Liberación (MPSOL) integrado por los principales referentes de los gremios mas combativos de Córdoba, desprendimientos de partidos políticos y muchas de las asambleas barriales surgidas al calor de la crisis y que auguraban formas nuevas de participación social y política. Días antes de ese domingo en una reunión de la plana mayor del Movimiento,realizada en la sede de la Unión Obrera Gráfica, habíamos puesto en evidencia nuestra desconfianza en la jornada electoral que se avecinaba sin acordar una postura común. Por lo tanto dimos libertad para que cada sector o integrante votará a quien quisiera. En mi caso no fui a votar.
Un mes después el Flaco que vino del sur y que asumió después de haber salido segundo con solo el 22% de los votos, por la huída vergonzosa del Turco yeta de la segunda vuelta, hizo un discurso de asunción que nos dio vuelta la cabeza y reverdeció los ideales que nos llevaron en los 60 y 70 a jugarnos la vida y dejar regado el camino de mártires populares  que hasta hoy nos interpelan.  Dijo: "no he venido para dejar mis ideales en la puerta de la casa rosada" y "vengo a proponerles un sueño". Y cuando bajó los cuadros de los dictadores y les dijo a los milicos "no les tengo miedo", terminó de desarmar nuestras barreras de desconfianza y nos convirtió en incondicionales para siempre.
Fue a partir de ahi que empezamos a frecuentar la casa de gobierno, que ha diferencia de las anteriores gestiones, la sentíamos nuestra casa. Era la casa del pueblo. Sin protocolos, como era Néstor, sin corbata, sencillito nomás como lo es el pueblo que quiere a quienes lo quieren. 
Fuimos una vez a ver a Parrilli y en la oficina de al lado estaba Follonier con quien cultivamos una estrecha relación. Fue por esa relación que teníamos, que habiendo hecho alianza con el emergente Luis Juez, el candidato a la intendencia me pidió que le hiciera un contacto con Kirchner. Allá fui y por esas relaciones compañeras, particularmente con Luis D'elía, a quien conocía de la CTA, me contactó con el secretario privado de Néstor al que habían anoticiado de nuestro interés. Al presidente le picó el bichito de saber quien era este personaje pintoresco que con la mera consigna de "se acabó el choreo" estaba arrasando en las encuestas para la intendencia de Córdoba. 
La intención de Juez era que lo apoyara contra el candidato de Unión por Córdoba, a quien nuestro chistoso futuro intendente había apodado "Capitán Escarlata" o que por lo menos fuera neutral. Así que varias veces andando en la campaña en el "Luisitomovil"  me tocó llamarlo al secretario y decirle que Juez quería hablar con Kirchner. La respuesta era casi siempre la misma: el presidente ya sabe y se va a comunicar con él en cuanto pueda". Lo cierto es que Kirchner tenía un solo ojo pero con ese le alcanzaba para relojear al personaje de marras y nunca le devolvió la llamada y decidió, a costa de perder por paliza, como perdió, apoyar explícitamente al Capitán Escarlata. 
Con Juez en la intendencia ya fue distinto. El chistoso tenía poder y ya se sabe: a los que tienen poder hay que darle bola y sobre todo porque el cordobesismo no era muy confiable. Por eso y ya como concejal fui varias veces a la Rosada con el intendente, allí  el presidente nos atendía como viejos amigos y no faltaban las bromas y las fotos, que nunca recuperé. Inclusive me dio bola en una gestión que hice, Follonier mediante, para que nos aportara parte de los fondos para el nuevo edificio del concejo deliberante que se empezó a hacer en predios del ex mercado de abasto. 
Sentíamos que en la Rosada teníamos a Lupin, un amigo al que le podíamos decir "che paso a tomar unos mates, yo llevo las chipacas".  Esa infausta tarde de miércoles de 2010, sentado en las sala de mi casa,  la radio me pegó una balazo en el pecho; lloré desconsoladamente, como cuando murió mi viejo o aquél querido compañero de militancia, las dos personas que me habían sacado lágrimas con sus partidas. 
De aquellas desconfianzas a este amor. Un camino abonado por las convicciones, el coraje y la empatía con el pueblo de Néstor Kirchner. 

Alberto Hernández, participante de la campaña #NestorYyo

Texto N° 1

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